De la “evasión” al despertar de un pueblo

Nota Opinión

La lucha de los pueblos de Nuestra América que, en su eterna rebeldía, renace de manera permanente en la búsqueda constante de la libertad, de la paz y de la justicia social, tiene un nuevo episodio en las calles de las principales ciudades de Chile, que poco a poco se fue extendiendo a gran parte del territorio nacional a partir de una chispa que se prolongó de manera ininterrumpida desde hace dos semanas.

Esa chispa, mezcla explosiva entre los ajustes antipopulares del neoliberalismo y el descontento social acumulado, fue iniciada por el alza en los pasajes del transporte público (la tercera de este año), que tuvo como respuesta inmediata la hermosa desobediencia de la juventud, convocada bajo el lema de “Evasión”. 

Bajo la óptica conservadora, propia de la sociedad chilena y de una región colonizada política, económica y culturalmente, los actos de evasión masivos se interpretaron como una afrenta imberbe a la ya antigua autoridad y mano férrea de la política austral, lo que dio como respuesta la custodia de las estaciones del metro por parte de cientos (¿miles?) de carabineros cuyo único objetivo era proteger las ganancias del capital, expresada en este caso en los acaudalados bolsillos de los empresarios del transporte de la metrópoli.  

Cuando l@s trabajadores/as, padres y madres, ven el rápido y amplio despliegue de la fuerza pública para “controlar” a golpes y gases lacrimógenos a la juventud, pero es manifiesta la complacencia de esa misma fuerza pública con la inseguridad desatada en la ciudad, los ánimos se caldean y se pasa de la “evasión” a la confrontación y la rabia que, como pirotecnia, se va elevando y con una explosión luminiscente enciende las oscuras vías del metro y la movilización popular que hoy ya no exige la baja en los transportes públicos, sino la dimisión de Sebastián Piñera cuya respuesta a sus compatriotas fue el estado de sitio, el toque de queda y posteriormente la declaración de guerra contra su propio pueblo.

Imágenes del ejército en las calles de Santiago, Valparaíso, Concepción y otras tantas ciudades de los últimos días, se confunden con las macabras postales de la época de la dictadura, donde el ejército y carabineros detienen indiscriminadamente, torturan, secuestran y disparan a quema ropa, ya no balas de salva, sino balas de fuego que han dejado hasta hoy 18 muertos y 137 herid@s, además de 1900 detenid@s (la mitad de ell@s en Santiago) y graves acusaciones de violencia sexual por parte de los efectivos a mujeres jóvenes detenidas, según cifras del propio gobierno de Chile.

Asistimos al desenmascaramiento de la perla de la corona del neoliberalismo en Latinoamérica, el “modelo a seguir” en materia económica en la región, sustentado en las reglas del FMI, pierde su careta y se muestra tal cual es, un modelo de acumulación irracional de capital a costa del saqueo de los bienes naturales que hoy tiene literalmente sin agua a la región central de ese país; de las pensiones a través de las AFJP que tienen a l@s pensionados ganando un tercio del salario mínimo, de los altos costos de los servicios públicos donde un/a trabajador/a tiene que destinar una cuarta parte de su salario para pagar el servicio de luz y más de la mitad de su salario para pagar un alquiler.

El mismo modelo, que le costó a Lenin Moreno en Ecuador la gobernabilidad, producto de las también masivas protestas por el alza de los combustibles y el paquetazo económico, el que tiene a Mauricio Macri a punto de salir por la puerta de atrás de un gobierno que deja 15 millones de pobres en Argentina, y a un Jair Bolsonaro con una crisis climática y ambiental por la voracidad de apropiación de la Amazonía para el capital transnacional. El mismo modelo que en Perú deja una crisis institucional por la dimisión del presidente, la renuncia de la vicepresidenta y la confrontación del ejecutivo con el legislativo, o el que tiene a Haití con un 85% de pobreza, con casi un año de protestas ininterrumpidas y una crisis humanitaria de las peores dimensiones. Ese modelo que también en nuestra Colombia está asesinando a las y los líderes sociales que se oponen al extractivismo y a la concentración de la tierra y que tiene a Iván Duque ad portas de una huelga general en los próximos días por la escalada en el ajuste económico que desangra los bolsillos de las y los colombianos.

Chile Despertó, esa es la consiga que mantiene a cientos de miles de personas en las calles desobedeciendo el toque de queda y confrontando la represión con todos los medios de los que puede disponer una sociedad civil cansada de la injusticia, pero llena de la vital rebeldía para transformar su realidad. 

Los sindicatos, los docentes, los trabajadores de la salud, los estudiantes y un amplio espectro de organizaciones sociales llamaron a huelga general para los días 23 y 24 de octubre, con lo que buscan no solo que el gobierno dé marcha atrás con la militarización del país, una de las peores decisiones de Piñera que lo dejará en los anales de la historia como aquel que convocó un retorno a la dictadura, sino que se busca también la transformación de la constitución pinochetista por otra que esté a la altura de las necesidades de  ese pueblo que hoy es esperanza en la región.

Chile Despertó y junto a él van a despertar los pueblos oprimidos del continente, pues estamos ante una época de cambios estratégicos y cada un@ de nosotr@s puede ser protagonista de la construcción de ese otro mundo de justicia y equidad por el que tant@s otr@s han dado sus vidas.

Daniel Pérez Quintana y Ximena Hernández
Del Programa  Nuestra Tierra

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