Reforma constitucional pone en juego el futuro de Cuba

Amanece en Cuba. Es domingo, no uno habitual, de esos de calma chicha, de agromercados y balcones repletos de ropas. Desde temprano comenzó el ajetreo, uno histórico, porque este último día de la semana ─ 24 de febrero para más señas ─ se estará defendiendo en los colegios electorales la nueva Constitución de Cuba, en la que durante meses estuvimos dibujando el país que queremos, el que aspiramos a construir.

Justo a 150 años del grito inicial de aquella Guerra Necesaria, la guerra de Martí, “sin odios, de conmovedora y prudente democracia”; los cubanos volvemos decidir el futuro de la nación, la de todos y por el bien de todos. Esta vez con una boleta, dos casillas y la responsabilidad tremenda de marcar allí donde más falta le hace a la Patria.

Desde hace algunos días, la maestra más entusiasta del barrio pasó por la casa para consultarle a Carmencita si quería cuidar las urnas. Ella dijo que sí. Le preguntó a qué hora le parecía mejor y escogió el mismo turno de su amiga Lais, a las nueve de la mañana. Le da un poco de pena, dice, porque seguro habrá mucha gente, pero irá con su uniforme impecable y sus motonetas. En Cuba hoy los niños custodian las urnas y es día de fiesta.

En la familia hemos decidido salir a votar a esa misma hora, para acompañarnos en el momento de dar el Sí por una Constitución que las abraza a ella y a su hermana Elena. En el momento que levante su mano y salude como pionera cubana que es, sus padres estarán votando Sí porque en ese gesto va el apoyo a la Revolución que nos formó como seres humanos dignos y que ahora vela por el futuro de nuestras hijas.

Diremos Sí a una Constitución que protege a las mujeres trabajadoras y las madres; resguarda a la infancia, a los abuelos, a quienes sufren limitaciones físicas y mentales; ratifica derechos ya conquistados y blinda otros tantos; aboga por un nación próspera; define el país como un Estado socialista de derecho y de justicia social, democrático, independiente y soberano; plantea a la dignidad humana como valor supremo y que todas las personas son iguales ante la ley; reconoce a las familias, sean como sean; defiende que los cubanos tengamos vivienda digna, acceso al agua potable, hábitat seguro…

Pero si le quitamos toda esa racionalidad, fuerte e innegable, a nuestro voto, nacerá otro sentimiento profundo, el del agradecimiento, el de la honra, el del respeto, a todos los que aportaron su sangre por el país que hoy somos: a Martí, a Maceo, a Céspedes, a Mariana, a Mella, a Fidel y a todos los jóvenes masacrados por la tiranía, a los que subieron a la Sierra a riesgo de todo y a los que se han dado a este país sin pedir nada a cambio.

Todo eso me rondará el corazón cuando ponga el Sí en la boleta, la introduzca en la urna y Carmencita certifique mi voto con su saludo de pionera.

Sí, y mis veces, por el futuro de Cuba.

Fuente: Cubahora

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