Un test de embarazo que dé negativo

-Si, cubrís una nota borracho son 10 años de mala suerte -me había dicho Zeta unos días antes. Íbamos a cubrir el debate en el congreso, en Senadores, por la legalización del aborto. Ese día había mucha lluvia y viento, y la calle era un hervidero, el viento y la lluvia no significaba nada. Zeta nos había conseguido trabajo para un medio de comunicación. Yo hasta ese día había abandonado toda esperanza de volver a trabajar de periodista.

Pero siempre aparece alguna razón para intentarlo un día más y más en esas circunstancias donde no hay nada por perder. Ese día de lluvia nos íbamos a juntar en un bar cerca de la radio. Yo había inventado una enfermedad en mi trabajo, para poder faltar. Aunque sabíamos desde hace días que la ley no iba a salir, no había los votos suficientes en el Senado para aprobar la ley, de todas formas era necesario estar presente en las cosas importantes, que marcan de cierta forma a tu generación.

Antes de llegar al punto de encuentro, recibo un mensaje de Zeta: “¿Dónde carajo estás? Estoy con el director del canal, está invitando cerveza”.

-Bueno, duró una semana eso de no cubrir notas borracho, supongo que es un nuevo récord para Zeta- pensé mientras leía el mensaje…, a los minutos recibo otro mensaje:

-Espero que vengas con camisa y corbata que vamos a filmar y vos vas a ser el maldito cronista- y seguido de ese mensaje llega otro:

– ¡Por Dios! ¿Dónde estás? Esto es una jornada histórica, no me vas a hacer quedar mal con nuestro director.

Al llegar al bar entro y estaba Zeta, con el director de nombre Augusto y otro pibe. Me presento y me pido un vaso de cerveza.

-Vi tu nota sobre los despidos en Telam- me dice Augusto y sigue-: horrible, todo mal filmado, sin ningún plano respetable, si trabajaras para mí ya te hubiera despedido.

-Pero si la cubrimos para vos- le digo.

-Jajaja, pasa que tenés potencial, te voy a sacar bueno- me dice mientras vacía de un trago el vaso de cerveza.

Teníamos que ir a buscar la cámara y el micrófono al canal, que quedaba a unos pocos metros del bar. Terminábamos nuestros vasos de cerveza y salíamos para el canal. El director, Augusto, parecía una persona respetable, estaba completamente borracho, comía papas fritas y tomaba cerveza mientras me daba una clase rápida de cómo salir en cámara, pero como estaba borracho no podía entender casi nada de lo que decía. Un auténtico profesional, comprometido con su generación, eso me agrado de él.

-Bueno, bueno, salgamos de este bar y vamos a comprar merca- nos dice Augusto.

-No, no podemos, tenemos que ir a cubrir el debate- contesta Zeta.

-Es cierto, están contratados.

Cuando empezamos a juntar las cosas para irnos del bar, el director nos pregunta a Zeta y a mí: – ¿Bueno tienen todo? La cámara ya está con la batería llena, está el micrófono. Duker fíjate que salga el logo del canal en cámara-. Se queda en silencio unos segundos y vuelve a preguntar: – ¿De verdad nos les falta nada? ¿Merca, pasta base, marihuana? ¿Tiene todo? ¡No?

– ¡Carajo! – pensé-. Al fin había encontrado un lugar donde me sentía cómodo. Así debe ser un director, absolutamente abocado a las necesidades de sus trabajadores.

Agarramos todos los equipos y enfilamos para el Congreso, desde varias cuadras antes de llegar había policías en todas las esquinas, con voz robótica decían: “Verdes por la izquierda, celeste por la derecha”. Era algo que ya sabíamos iba a pasar. Decidimos, que antes de trabajar íbamos a tomar un café y unas medialunas, para pasar la noche, por momentos la lluvia paraba, pero el viento no lo hacía.

Entramos al primer lugar que vimos que tenía mesas vacías, nos sentamos y cuando miramos alrededor, era un condenado café “de las dos vidas”, todos pañuelos celestes alrededor, era un jodido punto de encuentro para los del partido “pro vida”.

-No sabía que había bares verdes y otros celeste, no lo había leído en las gacetillas de prensa- le digo entre risas-. Mirá, allá al costado esta Cecilia Pando.

-No me digas eso ahora- Dijo Zeta, lo note muy perturbado, transpiraba, con los ojos trastornados, conocía esa mirada, el idiota estaba borracho y un poco fumado, ya había estado tomando desde temprano.

-Pedí dos café y medialunas, voy al baño-. Zeta no contesto, seguía muy nervioso, supuse que por la nota, era un día importante y estábamos algo oxidados.

Cuando volví del baño le pregunto si pidió los cafés, Zeta estaba mucho peor que hace unos minutos, sus ojos estaban en pánico absoluto, miraba alrededor como un niño perdido en la selva, que mira los arbustos esperando que salga una bestia a morder su cuello.

-No sabés lo que pasó -susurró-. Entraron dos policías y pidieron 20 sándwiches.

– ¿Y dónde está la noticia en eso? – pregunté.

-No, idiota fue raro todo, creo que apretaron al dueño del bar…, no sé, fue una movida rara no me gusto. Me quiero ir de este lugar.

-Tomamos un café y nos vamos, para eso venimos acá.

-Me quiero ir, me quiero ir -decía Zeta mientras se movía de un lado para el otro en la silla.

– Mirá- le digo entre risas-. Cecilia Pando no deja de mirarte.

-¡Mierda! Me descubrieron, lo sabía, lo sabía.

– ¿Te descubrieron? – le pregunté- ¿De qué demonios estás hablando? Solo somos un par de periodistas precarizados, cubriendo un día importante en la historia.

-Tengo una idea… ¿No tenés algo celeste? Vamos a hacernos pasar por militantes de las dos vidas.

En eso llega la mesera:

-Hola nos traes dos cafés y medialunas ¿café con leche está bien?

Zeta no contesta.

-Si, si está bien, café con leche, sólo eso, nada más, gracias -le dije a la mesera.

-Eh…, sí.., café con leche- respondió Zeta a destiempo cuando la mesera se estaba yendo – Si…, si, café con leche…, y salvemos las dos vidas- dijo mientras le tiraba una sonrisa cómplice a la mesera.

Le agarro del brazo a Zeta y le pregunto:

– ¿Qué mierda estás haciendo? ¿A qué viene todo este show que estas montando?

-No soporto este lugar, me tengo que ir a la mierda.

Era imposible razonar con Zeta a esta altura, había tenido un ataque de pánico, como muchas otras veces le había pasado, un maldito adicto a la adrenalina.

-Está bien- le digo- Ya pedimos los cafés, tomamos rápido y nos vamos sin hacer mucho escandalo… Entiendo la presión de cubrir un día como este.

– ¿Pero qué carajo te pasa? – me preguntó- ¿No ves que estamos rodeados de nazis? ¿Sabes lo que les hacen esta gente a personas como vos?

– ¡Demonios! No arruines esto, estamos trabajando. Nos dieron una misión y hay que hacerla.

– ¡A la mierda! -dijo Zeta, agarró la mochila y salió huyendo del bar, el degenerado me dejo ahí tirado. Vi como salía por la puerta del bar, fue solo cuestión de segundos, no tuve tiempo a reaccionar. Me iba a tener que hacer cargo de los dos cafés yo solo, cuando alcanzo a reaccionar veo a Zeta perdiéndose entre la gente que iba a la marcha, desapareció en una esquina.

– Lo hizo, otra vez- pensé. Otro maldito ataque de locura de Zeta, me quede sentado unos segundos analizando mi situación. Iba a tomar el café y dejaba el lugar. Hecho una rápida mirada a mi alrededor y no veo a la mesera, seguro estaba preparando nuestros cafés. Aproveche el momento y salí del bar sin que nadie lo notara.

Cuando hago una cuadra veo a Zeta con la cámara en la mano, filmando la marcha como si nada hubiera pasado.

-Estoy haciendo algunos planos- me dijo.

– ¿Qué clase de basura fue eso? Me dejaste tirado en el bar y saliste corriendo como un desquiciado, me tuve escapar como una rata sin pagar nada.

-Tengo que cubrir mi generación ¿No esperabas que veamos la votación desde la televisión de un bar?

– ¿Esa es tu excusa para el show que montaste?

Zeta se encogió de hombros, mientras con una mano sostenía la cámara y con el otro el paraguas.

Sentí mucha curiosidad por el lado “pro vida”, enfilamos con Zeta con la cámara y el micrófono, el otro lado de la valla era un lugar apagado, pero eso ya se sabía, estaba más interesado en las teorías de la aniquilación de la humanidad, como muchos exponían: “Esto es un plan illumaniti, para apoderarse de la Patagonia y vaciar el país de nuevos argentinos”, me dijo un viejo que revoleaba una bandera de Argentina, y siguió: “Quieren construir el nuevo templo de Salomón en la Patagonia”. “¡Así es!”, grito una señora, que tenía un feto de plástico en la mano, que pasaba por el lugar y salto al micrófono que tenía en la mano. “Es un plan que llevan preparando hace décadas, es el nuevo orden mundial”, decía la señora mientras trataba de sacarme el micrófono de la mano. Mira a la cámara fijamente y dice: “¡Escuchaste Henry Kissinger! No queremos tu gobierno mundial reptiliano en mi país”.

 

***

 

Vino a cabeza el recuerdo de cuando era adolescente. Mi amigo Lucas me había acompañado a la farmacia, yo estaba nervioso, al borde de un colapso emocional.

-No puedo. Entra a comprar vos- le digo.

Lucas agarra los billetes, se acerca al mostrador y dijo:

-Un test de embarazo… Un test de embarazo que dé negativo, por favor- y se larga a reír y el farmacéutico acompaña la risa de Lucas.

– ¡Maldito idiota! No es momento para esas clases de chiste- pensé.

Al día siguiente, muy temprano cuando no había llegado nadie al colegio, veo salir a Silvia con el test en la mano y entre risas me dice: “Duker estas al horno” y me da el test, y era positivo. A los segundos sale Lucia y me da un abrazo y dice: “No lo quiero”. “Ni yo tampoco”, le conteste.

Con Lucia hacia pocos meses que estábamos de novios y ninguno de los dos estábamos listo para llevar adelante la crianza de un chico. Lucia tenía muchas más posibilidades que yo, venía de una familia de clase alta, con toda una vida esperándola a meses de terminar el secundario. En lo personal no vislumbraba un gran futuro para mí, que era otra razón para abortar. Esa misma tarde me fui al médico que todos sabían que realizaba abortos y sin vueltas me dijo: “La solución te sale 600 pesos”.

En esos años 600 pesos era lo mismo que me diga que salía 100 mil pesos, no los tenía, pero los iba a conseguir de cualquier lado. Esa noche viene Lucas a visitarme. Lucas, era el novio de Silvia, y en el transcurso del tiempo nos hicimos grandes amigos.

– ¿De dónde vas a sacar la plata? – me preguntó.

-Tengo una idea, pero no estoy seguro si va a dar resultado.

-Contame a ver en que te puedo.

-Voy a salir a robar-. Entro a casa y salgo con una vieja pistola 22, que era de mi abuelo, estaba media oxidada, pero podía cumplir el propósito. Saco las balas y le paso la pistola a Lucas. Agarra la pistola y queda pensado unos segundos y dijo: “Bueno, voy a ir con vos a conseguir esa plata”.

No podía creer lo que estaba pasando, todos creemos que somos buenas personas, que llegado el momento tenderíamos la mano a un hermano necesitado. Pero tender la mano a alguien con riesgo de ahogarte vos mismo, eso es de personas honorables. Nos pasamos toda la noche planeando los golpes, iban a tener varios para juntar 600 pesos.

-Vamos a hacer esto de manera perfecta. No vamos a usar balas- le digo.

-Es cierto, la mayor parte del trabajo es psicológico, asustar a las víctimas.

Guardo todas las balas y ahí nos quedamos con la 22 vacía. Empezamos a pensar en lugares donde asaltar a personas, que sabíamos que podían andar con plata en el bolsillo y que sean lugares de poca seguridad y cuando teníamos algo más de experiencia asaltaríamos un supermercado o algo parecido. Lucas se pone la pistola en la cintura y empieza a caminar en círculos en el patio de casa y me preguntaba: “¿Se nota? ¿Se ve algo?”. Le digo que no.

Lucas practicaba y hacía movimientos rápidos sacando la 22 de la cintura. Sacó la lengua y gritó:

-Dame todo el dinero hijo de una gran puta ¡Ahhhhh!- me miró : -¿Te parece bien así?

-No lo sé, yo no gritaría, para no llamar la atención…, y creo que nadie dice dinero.

Piensa unos minutos y dijo:

– ¡Dame toda la guita o te quemo! -. Me mira de reojo, buscando aprobación. Le digo que así estaba bien. Ya era de madrugada y Lucas se va para su casa, pero antes habíamos elegido un lugar para dar el golpe, era una zona céntrica, con muchos transeúntes y de poca iluminación, también había muchas calles laterales, por donde poder escarpase.

A la noche siguiente, cerca de las 10 de la noche, salimos absolutamente decididos a conseguir los 600 pesos. En la mochila, para tapar la 22 pusimos medias, botines de futbol, una toalla y un juego de remeras extras. La idea era aparentar que veníamos de jugar un picadito y las remeras extras eran para cambiarnos después del robo, para que no nos identificaran.

En la calle, mi cuerpo no me respondía, transpiraba, sentía la sangre demasiado espesa dentro de mi organismo, daba pasos torpes, mis piernas se transformaron en resortes, temblaba de un lado a otro, no podía mantener el equilibrio. Estaba aterrado con la idea de sacar un arma, aunque este vacía. Miraba a Lucas y caminaba de lo más tranquilo, me contaba cosas del colegio, me preguntaba sobre mis CD de los Rolling Stone y si se lo podía prestar, qué canciones tenía. Yo tartamudeaba en las respuestas, trataba de seguir la conversación, pero mi cabeza era una enorme nube de humo gris.

Llegamos a una esquina, nos pareció el lugar ideal para esperar a algún desprevenido. Era al costado de un boliche, y algunos locales, a esa hora todos cerrados. Nos sentamos al costado de un árbol, agazapados, con ropa oscura y hablando muy despacio. Sacamos la 22 de la mochila y nos preguntamos ¿Quién de los dos iba a llevarla y apuntar a la víctima?

Lucas se ofreció, pero me pareció más razonable que sea yo el que la tenga, esperamos 1 hora o 10 minutos, no lo recuerdo, no podía sentir el paso del tiempo. A lo lejos veo venir a un hombre de unos 30 años, con camisa y jean. Era mi oportunidad.

Esperamos a que el hombre este cerca, no nos había visto. Cuando está a unos 5 metros de distancia, Lucas da un salto, como alguien que salta de un avión en paracaídas, con los brazos y las piernas abiertas. Se me había adelantado, salgo atrás de él. La pistola entre mis manos me temblaba, parecía que tenía Parkinson, no dejaba de temblar, era imposible controlarlo.

-Dame la guita o te quemo- le dije y alcé temblando la pistola a la altura de la cara del sujeto.

-Sí, sí, toda la guita o comés plomo- dice Lucas, y alza los puños y se pone en posición de pelea, un puño adelante y otro atrás. Lo miro, y no podía entender toda la escena ¿Por qué se puso en posición de pelea? Era obvio que el hombre no iba a pelear, tenía una jodida 22 apuntándole a los sesos.

El sujeto se larga a llorar, nos explica que va a la casa de la novia, que vivía cerca y balbucea un montón de incoherencias. Cuando iba a meter la mano en los bolsillos, Lucas dice:

-Despacio hijo de una gran puta.

– ¿Despacio? ¿Porqué despacio? – pensé-. Esto hay que hacerlo lo más rápido posible y desaparecer del lugar.

Del bolsillo saca un billete arrugado de 5 pesos, era todo lo que tenía. Lo extiende para darme la plata y yo no podía mover mi brazo, estaba petrificado. No controlaba mi brazo, mi mente le daba órdenes y no respondía. “Dáselo a él, pelotudo”, le dije. Lucas reacciona y tomó el billete. Ya estaba hecho, el pibe nos miraba, nos mirábamos entre los 3, no sabía qué seguía. Ni siquiera creía que iba a funcionar. No pensé que tendría que decirle al pibe que se vaya, eso estaba implícito en un robo callejero.

Sentí un enorme vacío, de repente tomé conciencia de todo, la adrenalina había bajado, desapareció. Miro a Lucas y le digo: “Devolvele la guita al chabón”. Lucas no entendía nada, el pibe no entendía nada, ninguno de los presentes entendía lo que estaba pasando, ni siquiera yo.

Lucas hace el intento para devolverle la plata al pibe, pero no lo agarraba, no dice nada, sólo mueve la cabeza en forma de negación. Lucas me mira desconcertado y yo estaba igual, fueron unos segundos de silencio, a esta altura ya me había olvidado de la 22, la había bajado, pero el pibe seguía ahí parado. En eso Lucas reacciona y le dice: “Raja de acá. Dale corre”, el idiota me mira a mí, buscando mi aprobación de la orden y le digo: “Si pelotudo, ándate”.  A los segundos desaparece en la esquina, sin mirar para atrás ni una sola vez.

“Ahora corramos nosotros”, me dice Lucas y ambos salimos corriendo. A las 3 cuadras paramos y nos cambiamos a de remeras, por las otras que habíamos llevado.

– ¿Por qué mierda le quisiste devolver la plata? – me preguntó Lucas, mientras volvíamos caminado a mi casa.

-No lo sé, parecía que necesitaba la guita.

– ¡Estúpido! Nadie necesita esa guita más que vos- me dijo, mientras extiende la mano y me da el billete.

Miro los 5 pesos y lo entendí, era inútil. No lo iba a conseguir, no había forma posible que asalte a 100 personas, hasta que junte toda la guita. Suponiendo que todas mis victimas solo llevaran 5 ó 10 pesos en el bolsillo.

Al día siguiente, en el colegio Lucía me pregunta cómo nos había ido. Ella sabía de mi plan. Le conté todo lo que había pasado.

-Ya fue, le voy a contar a mis viejos- me dijo.

-Esta bien, esta tarde voy a tu casa y le contamos.

No entramos a la siguiente materia, matemáticas me parecía irrelevante a comparación de todo lo que estaba pasando. Nos pusieron 10 amonestaciones a los dos por no entrar a la hora de matemáticas.

Cerca de las 4 de la tarde llego a la casa de Lucia, toco el timbre y sale el papá de Lucia. El viejo siempre me había odiado, desde el primer momento que me conoció. Ahora tenía razones para despreciarme, pero su odio venía porque su hija pasaba el tiempo con el hijo de unos mugrosos obreros. Su hija estaba para más en la vida, ellos eran de la clase alta, con todas las necesidades cubiertas.

El papá de Lucia abre el portón y me dice: “pendejo de mierda te voy a matar”. Y me tirar dos piñas directo a la nariz una y la otra a la boca, doy dos pasos para atrás y me desplomo en el suelo, con la sangre corriendo por mi boca y nariz.

-Nunca más te quiero volver a ver en mi casa. No voy a dejar que le arruines la vida a mi hija, yo voy a pagar el aborto- me dijo.

-No señor, voy a conseguir la …- y antes que termine la oración me remata con una patada en el suelo. No podía creer el estado físico del viejo, sabía moverse a pesar de su edad. La patada me dejo más aturdido.

Me puse de pie y estaba dispuesto a pelear, pero recordé que eso es lo que queríamos con Lucia. Entendí que el odio de clases estaba vez estaba a mi favor. Porque la familia de Lucia era una familia muy conservadora, de seguro estarían feliz de tener un nieto, pero no que ese nieto descienda de mí.

-Le voy a devolver la plata- le digo.

– ¿De dónde vas a sacar la plata? Pendejo muerto de hambre- y sigue: -Si te vuelvo a ver te pego un tiro-. Y entra a su casa, cerrando de un golpe el portón.

Me doy vuelta y me voy limpiándome la sangre de la nariz y la boca.

Pasaron dos días, tres y Lucia no volvía al colegio. La tarde del tercero, decidí ir a su casa. A unos 30 metros antes de llegar, siento que alguien me empuja y me estampa contra la pared, era el pibe que trabajaba en la garita de seguridad del barrio.

– ¿Qué te dijeron? Que no vuelvas más a este barrio- me dijo. Me da vuelta y me agarra del cuello y empieza a amenazarme que me va a mandar preso, que me va a reventar a trompadas en la cárcel y así sigue.

-Está bien, lo entiendo -le digo –. Pero tenía que intentarlo.

Me doy vuelta y me voy, tenía que buscar otra forma de contactarme con Lucia.

Al día siguiente, Lucia vuelve al colegio, me contó que ya se había hecho el aborto. El único momento en que podíamos hablar era en el colegio, sus padres la llevaban y la iban a buscar en auto. Por pedido de Lucia no salíamos juntos del colegio: “Hasta que todo se calme”, me decía.

A los días, se nos ocurre un gran plan, otro amigo, Marcelo, se hacía pasar por novio de Lucia y la iba a buscar a su casa. Los viejos estaban felices con Marcelo, era un pibe elegante y lo principal se habían desecho de mí. Así que hacíamos eso, Marcelo iba a buscarla, en las tardes o en las noches y yo esperaba a unas cuadras, a una distancia considerable de su casa. Así estuvimos varios meses más. Salíamos todos juntos, con Marcelo incluido, porque después la tenía que llevar a Lucia a su casa. Después de un tiempo nos fuimos distanciando con Lucia, hasta que la relación se terminó.

 

***

 

Cuando volví a mi casa, después del Congreso, no podía dejar de pensar en Lucia. En la televisión decía que la votación había salido negativa, con 38 votos en contra en senadores, el aborto seguiría siendo ilegal…. Seguí pensando en Lucia. Prendí la computadora y la busqué en las redes sociales, habían pasado 12 ó 13 años desde la última vez que la vi, parecía una vida lejana, algo enterrado en el fondo de mi memoria. La encontré, era ella. Miré sus fotos, estaba ella, en otra estaba ella y su novio, después ella y su pareja y una nenita de unos 5 años, en otra ella y la misma nenita y un chico de unos 10 años.

Era ella con sus hijos, miré varias fotos, de vacaciones en Brasil, en Bariloche. Seguí observando las fotos un largo rato, sentí alegría por ella…, y por mi un triste alivio.

 

Sanchez Thompson

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